Los británicos, cabezas de cartel del festival, ofrecieron un directo de sonido aplastante y rudo.
No deja de ser todo un logro que un festival underground como el
Inkestas Rock Festival, y además dedicado al rock más pesado o directamente al metal, lleve 17 años en pie. Y parece que con buena salud a tenor del gran presencia de público que tuvo el sábado con una carpa prácticamente llena y con bastante gente viendo los conciertos fuera de la misma. Este año además volvían a la Plaza del Ayuntamiento de Sopela.
De esta segunda jornada destacaban como principales reclamos las 2 bandas internacionales del cartel que actuaron a la noche. A las 21:30h. salían a escena el cuarteto belga
Slow Crush con el tema
Thirst. La banda ya estuvo en Bilbao a finales del año pasado presentando su último disco que lleva por título el mismo nombre que con la canción que iniciaron su concierto. En sus 50 minutos de directo los belgas destacaron por crear atmósferas densas con sonidos pesados pero con un buen trabajo de sus 2 guitarristas. Pero si por algo destaca también la banda es por la voz personal de Isa Holliday que es suave, delicada y ensoñadora. Si directo fue todo un tobogán de emociones. Como base tienen el shoegaze pero no dudan a acercarse a sonidos más pesados e inclusive al post- rock no dudando en ralentizar su música para luego explotar. En la parte final apretaron más el aceledaror con
Cherry en una onda ambiental de inicio pero puro shoegaze y sonaron más potentes y post rockeros en
Glow. Tal vez un directo no apto para todos los públicos.

Con tres minutos de adelanto, y eso que estuvieron mirando la hora e hicieron tiempo, los grandes cabezas de cartel del
Inkestas Rock Festival eran el trío británico
Conan. En una hora larga de directo la banda demostró ser una de las grandes referencias del doom metal. Sonidos oscuros, guitarra saturada y mucho grave. Su concierto fue sin concesiones, con poco descanso entre tema y tema y en donde destacó sobre el resto la pegada del batería Johnny King. Tal vez el problema de los británicos es que sus canciones suenan bastante parecidas entre si tejiendo un muro de graves con la voz rabiosa de Jon Davis, el bajo robusto que corta el aire y una batería que aporta mucho impacto. Presentaban su séptimo disco publicado el año pasado llamado
Violence Dimension. Y también así podíamos resumir su dircto. Sonidos violentos con un público haciendo pogos incesantes en cada tema y hasta con cierto peligro y es que hasta en la carpa del festival se encendió en mitad del público una vengala. En fin un concierto incendiario de una banda que dejó un gran sabor de boca para los amantes al género y que nos llevó hacia la oscuridad del mismísimo infierno.
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